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08 Mar 2009 
Queridos internautas, hoy soy portadora de una mala noticia: Al igual que muchos otros que ubicaron su weblog aquí, en www.hazblog.com, yo también he decidido mudarme de web. Si os han gustado mis artículos aquí colgados, os invito a que continuéis leyendome en...

www.cristinadiazblog.blogspot.com

Ha sido un placer dejar esparcidas por Hazblog unas esquirlas de mí..., que no se llevará el viento...
¡Feliz día de la Mujer Trabajadora!

Cristina · 229 vistas · 4 comentarios
Categorías: Reflexiones diarias
28 Feb. 2009 
http://i66.servimg.com/u/f66/13/46/44/43/reloj-10.jpg
Lo que ahora es tu presente en apenas un segundo ya se habrá convertido en tu pasado. El tiempo corre apremiante, siempre se nos viene encima: vivimos a contrarreloj. Sería muy interesante poder convertir “vida” y “tiempo” en dos magnitudes directamente proporcionales (a cuanta más vida, mayor tiempo), pero no podemos invertir el juego. No obstante, podemos robarle tiempo a la muerte..., emprendiendo aventuras. Por tanto, vivamos el presente como si cada día fuera el último de nuestra existencia, aprovechando cada minúscula porción del tiempo, amando todo cuanto hay a nuestro alrededor y realizando actos con la alegría y el orgullo de cometerlos.
Y con ésta brevísima entrada, doy por concluida la publicación de artículos en este efímero mes de febrero, que llega a su fin con un sábado pasado por agua aquí en Valencia.
Cristina · 396 vistas · 4 comentarios
Categorías: Reflexiones diarias
27 Feb. 2009 
Observé mi rostro reflejado en la superficie trémula del agua del inodoro mientras me llevaba la mano a los labios. Abrí mi boca, tomé una bocanada de aire..., y metí mis dedos índice y corazón en su interior. Noté como se deslizaban garganta abajo, explorando el interior de mi cuello empapado de saliva y otros jugos; toqué algo, presioné. Una arcada, y mi cuerpo se convulsionó. Me incliné sobre el retrete, retiré los dedos, abrí la boca.
Agua, saliva.
Nada más.
Frustrada, metí de nuevo en mi boca los dedos de mi mano temblorosa y húmeda. Éstos volvieron a deslizarse garganta abajo, buscando otra vez el miembro clave que pondría fin a mi absurda complejidad física, aquel abismo a la que yo misma me había arrojado y del cual había emergido una cárcel, conmigo en su interior. Lo encontré, y volví a presionar. Esta vez hubo más arcadas: una, dos, tres. Mi cuerpo volvió a convulsionarse violentamente. Rodeé mi abdomen en un abrazo letal y presioné contra él, abrí la boca nuevamente.
Más agua.
Repetí la operación varias y continuadas veces, pero mi cuerpo parecía negarse a devolver cualquier resto de comida ingerida recientemente. Y el agua del inodoro seguía igual de límpida y transparente que cuando me encerré en el baño.
Salí de él con la rabia y la frustración contenidas en un puño; allá donde mirase cualquier parte de mi cuerpo se me antojaba excesiva y sebosa.
Mis manos humedecidas de saliva y otros jugos intestinales se apoyaron sobre la pila. Alcé mi rostro y me enfrenté contra la lastimosa imagen que el espejo me devolvía. Mis pupilas fueron presa fácil de la mirada de la chica que tenía enfrente de mí. Sus ojos, rojos y lagrimosos, me observaban con tristeza, irritación, impotencia. Mientras yo estudiaba su sudoroso rostro me preguntaba a mi misma suplicante y desesperada << ¿Por qué no vomito? ¿Por qué no soy capaz de hacerlo?>> Oí entonces una voz familiar, procedente de la joven que había reflejada en el espejo, que me decía:
-Porque tú no eres así.
Cristina · 652 vistas · 116 comentarios
Categorías: Reflexiones diarias
22 Feb. 2009 
Quiero creer que realmente soy todo aquello que pretendo ser, pero no es fácil. Uno no decide en que situación y condiciones nace; en ocasiones no puedo evitar creer en el destino y la fuerza con la que nos arrastra inevitablemente hacia delante, siempre hacia delante...
Una mezcla homogénea de virtudes y defectos, eso es lo que somos las personas. Homogénea porque a veces los defectos logran ocultarse, camuflarse entre nuestras virtudes, y viceversa. Es difícil distinguirlos a simple vista y hace falta considerable tiempo para apreciarlos con absoluta nitidez, y más si es la persona misma la que se evalúa. Pero, una vez localizados, podemos y hemos de corregirlos a tiempo antes de que éstos se acentúen.
Ja, ja. Qué hermoso suena a través de las palabras; mentalmente todos estamos preparados para cambiar, pero estar dispuesto con el corazón es otra cosa bien distinta. Ojalá la fuerza de voluntad se sobrepusiera al orgullo y la soberbia; rebajarnos a la humildad de mirar en nuestro interior y reconocer las mellas del alma no nos hace más débiles y sí más sabios. No perdemos nada intentando barrer el polvo que se va depositando sobre nuestra ánima desde que nacemos y procurando que quede pura y diáfana; en cambio sí podemos perderlo todo dejando que la polvareda cubra nuestra esencia: con el paso de los años nos damos alergia incluso a nosotros mismos. Claro que el problema quizá esté ahí. Todo este proceso que he empleado para describir metafóricamente nuestra propia expurgación requiere un gran esfuerzo por parte del que realiza esa limpieza interior, y he ahí el quid de la cuestión: que nosotros, los seres humanos, somos eternamente fieles a las leyes del mínimo esfuerzo.
Ufff, me gustaría conocer al que dijo que rectificar es de sabios. ¿Rectificaría él sus errores cometidos? ¿O es que una noche su musa le hizo sentirse poeta y le inspiró para enlazar correcta y hermosamente esas cuatro palabras?...
Cristina · 113 vistas · 3 comentarios
Categorías: Reflexiones diarias
18 Feb. 2009 
“Un libro siempre nos enseña, nos dice algo, posiblemente hoy o quizá mañana nos pueda aportar inspiración, consejo, compañía.
[…]
De cada lectura se puede sonsacar un significado trascendental [..]”
No puedo estar más de acuerdo con estas palabras que me escribió una gran compañera del Colegio Educativo LOBO del Complejo Educativo de Cheste (CECheste) (¡recuerdos, Elena!) en una carta que me dio junto con mi tan preciado y comentado por aquí libro LA PRINCESA QUE CREÍA EN LOS CUENTOS DE HADAS. Y tales dicciones son absolutamente verídicas: de cada obra que leamos se puede aprender un conspicuo y eminente precepto que en un futuro puede sernos de útil y lucrativa ayuda. Por esa misma razón deberíamos de conservar todos y cada uno de los libros que hayamos poseído entre nuestras manos, porque todos ellos son diferentes entre sí y por tanto nos enseñan un valor único y disímil que puede aplicarse perfectamente a nuestra realidad si lo interpretamos bien.
En el artículo consiguiente de hoy homenajeo a este elemento de sublime importancia cultural que actualmente los hombres están dejando abandonado en el estante como corriente y ordinario adorno de la casa, en vez de retomar las antiguas costumbres de sentarse cómodamente y leer una buena novela a la lumbre del hogar.

Oda al libro (II)
http://i66.servimg.com/u/f66/13/46/44/43/imagen12.jpg
Libro
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
¿Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.

Pablo Neruda
Cristina · 151 vistas · 2 comentarios
Categorías: Literatura&Poesía

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